VII miércoles de pascua


Evangelio del día: San Juan 17, 11-19
11 Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. 14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Les comparto el comentario de san Agustín al evangelio de este día:

Mas porque el Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, fue hecho Cabeza de la Iglesia, y ellos miembros suyos, dice lo que sigue: Y por ellos yo me santifico a mí mismo (Jn 17,19). ¿Qué significado tienen las palabras: Y por ellos yo me santifico a mí mismo, sino que los santifico en mí mismo, siendo ellos yo mismo? Porque —como dije— esos de quienes habla ahora son miembros suyos, y un solo Cristo es Cabeza y cuerpo, conforme enseña el Apóstol cuando dice: Si vosotros sois de Cristo, sois por tanto descendencia de Abrahán. Y poco antes había dicho: No habla de descendencias, como si fueran muchas, sino como de una sola: en tu descendencia, que es Cristo (Gál 3,29.16). Si, pues, la descendencia de Abrahán es Cristo, a quienes dijo: Sois descendencia de Abrahán, ¿qué otra cosa les dijo sino que eran Cristo?

Así se explica lo que dice en otro lugar el Apóstol: Ahora me gozo en mis padecimientos por vosotros y completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo (Col 1,24). No dijo: «En mis padecimientos», sino en los de Cristo, porque era miembro de Cristo, y en las persecuciones que padecía, que eran las que convenía que Cristo padeciese en su cuerpo, cumplía también él la parte que le correspondía. Y para que lo veas con claridad en este pasaje, pon atención a lo que sigue. Habiendo dicho: Y por ellos yo me santifico a mí mismo, y dándonos a entender que lo dijo porque los santificaba en sí, añadió: Para que también ellos sean santificados en la verdad (Jn 17,19). ¿Qué otra cosa quiere decir sino «en mí», dado que la Verdad es la Palabra que era Dios en el principio? En esa misma Palabra fue santificado también el Hijo del hombre en el comienzo de su creación, cuando la Palabra se hizo carne, porque la Palabra y el hombre constituyeron una única persona. Entonces se santificó en sí mismo, esto es, se santificó a sí mismo, hombre, en sí mismo, Palabra, ya que la Palabra y el hombre son un mismo Cristo que santifica al hombre en la Palabra.
Y en atención a sus miembros, dice: Y por ellos yo me santifico, es decir, para que también a ellos les sea provechoso, porque también ellos son yo, como a mí me fue de provecho en mí, porque soy hombre sin ellos. También yo me santifico a mí mismo, esto es, los santifico a ellos en mí como a mí mismo, porque ellos en mí son también yo. Para que también ellos sean santificados en la verdad. ¿Qué quiere decir también ellos sino que sean santificados como yo en aquella Verdad que soy yo mismo? A continuación comienza a hablar, no ya sólo de los apóstoles, sino de todos sus miembros.
Comentarios sobre el evangelio de San Juan 108,5.

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