VI miércoles de pascua. Santos Felipe y Santiago, apóstoles

Felipe, nacido en Betsaida, primeramente fue discípulo de Juan Bautista y después siguió a Cristo. Santiago, pariente del Señor, hijo de Alfeo, rigió la Iglesia de Jerusalén; escribió una carta canónica; llevó una vida de gran mortificación y convirtió a la fe a muchos Judios. Recibió la palma del martirio el año 62. 

Evangelio del día: San Juan 14, 6-14
6 Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8 Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9 Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. 13 Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.
6-7: Respondió Jesús: "Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí".  El camino supone una meta; la verdad, un contenido, que es la vida. Jesús es la vida porque es el único que la posee en plenitud y puede comunicarla. Por ser la vida plena es la verdad total, es decir, puede conocerse y for­mularse como la plena realidad del hombre y de Dios. Es el único ca­mino, porque sólo su vida y su muerte muestran al hombre el itinerario que lo lleva a realizarse. 

Para el discípulo, Jesús es la vida, porque de él la recibe. Esta nueva vida experimentada y consciente es la verdad; esta verdad entendida como camino supone una asimilación progresiva a Jesús y da un carácter dinámico de crecimiento a la vida y a la verdad. El Padre no está materialmente lejano, el acercamiento a él es el de la semejanza.

7-8: Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

El Padre está presente en Jesús. La petición de Felipe denota su falta de comprensión. Había visto en Jesús al Mesías que podía de­ducirse de la Ley y los Profetas, pero no había comprendido que Jesús no es la realización de la Ley, sino del amor y la lealtad de Dios. En el episodio de los panes Felipe no comprendía la alterna­tiva de Jesús, por eso a la pregunta de éste: ¿con qué podríamos comprar pan para que coman estos? Felipe contestó: Doscientos denarios de plata no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo. Para Felipe no había alternativa, seguía en las categorías de la antigua alianza. Felipe ahora ve en Jesús al enviado de Dios, pero no la presencia de Dios en el mundo.

9-11 Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

Jesús le contesta con una queja: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?. La convivencia con él, ya pro­longada, no ha ampliado su horizonte.  Felipe no sabe que la presencia del Padre en Jesús es dinámica ("quien me ve a mí está viendo al Padre"; a través de Jesús, el padre ejerce su actividad. 


Las exigencias de Jesús reflejan las múltiples facetas del amor, lo concretan y lo acrecientan; por eso comunican Espíritu y vida y hacen presente a Dios mismo, que es Espíritu, formulan la acción del Padre en Jesús y, por su medio con los hombres Entre Jesús y el Padre hay una total sintonía. El último criterio para detectar esta sintonía son las obras

12-14: En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

La obra de Jesús ha sido solo un comienzo; el futuro reserva una labor más extensa: "Quien me presta adhesión, hará obras como las mías y aun mayores". Las señales hechas por Jesús no son pues irrepe­tibles por lo extraordinarias, son obras que liberan al hombre ofreciéndole vida. Con este dicho da ánimos a los suyos para el futuro trabajo; la liberación ha de ir adelante. Jesús cambia el rumbo de la historia; toca a los suyos continuar en la dirección marcada por él. Los discípulos no están solos en su trabajo ni en su camino Jesús seguirá actuando con ellos. A través de Jesús el amor del Padre (su gloria) seguirá manifestándose en la ayuda a los discípulos para su misión. La oración de la comunidad expresa su vinculación a Jesús; se hace desde la realidad de la unión con él y a través de él, pidiendo ayuda para realizar su obra.

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