V viernes de pascua. Santa Catalina de Siena
Nació en Siena el año 1347; ya desde niña aspiraba a lo mejor y consiguió entrar en la Tercera Orden dominicana. Movida por su gran amor a Dios y al prójimo, promovió la paz y la concordia entre las ciudades y defendió valientemente los derechos y la libertad del romano pontífice, favoreciendo también la renovación de la vida religiosa. Es autora de importantes obras de espiritualidad. Murió el año 1380.
Evangelio del día: San Juan 15, 12-17
12 Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. 17 Esto os mando: que os améis unos a otros.
Jesús establece un mandamiento para aquellos que decimos querer seguirlo: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado."
No solo manda que nos amemos unos a otros sino que clarifica la forma, "como yo os he amado", adelantándose a que los seguidores queramos autodefinir que significa amarnos unos a otros, pero debe ser como Él lo hizo.
La forma en la que somos amados por Jesús no tiene nada que ver con el romanticismo moderno, que considera el amor como algo totalmente emotivo, egoísta, limitado y calculador.
La forma en la que Él me ama es el modelo a seguir para amarnos entre nosotros: Perdona, comprende, ayuda, pasa por alto la ofensa y dio la vida por los que considera amigos. Si bien puede parecer muy general, al considerar cada acción se puede profundizar en lo que podemos hacer los unos por los otros, eso es amarnos como Él nos amó. Una entrega total hacía el otro, olvidándome de mi, en beneficio del otro. Más fácil escribirlo que hacerlo, pero ese es el mandamiento.
No se trata de amar como yo creo que debo de amar, no se trata de amar como a mi me gusta amar; es amar como Él ama. Ese es el verdadero reto.

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