V martes de pascua
Evangelio del día: San Juan 14, 27-31
27 La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29 Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 30 Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, 31 pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo. Levantaos, vámonos de aquí.
San Juan presenta todo el capitulo 14 como un discurso de despedida de parte de Jesús, está a punto de ser entregado y les da las ultimas palabras a sus más cercanos, para que sepan transmitirlas a sus futuros seguidores:
Les ha venido diciendo que él y el padre son lo mismo, que se va pero que les preparará una morada; que él es el camino, la verdad y la vida. Les ha dicho que el padre enviará al paraclito para consolarlos por su partida y guiarlos en la verdad. Ahora cerrando el discurso les deja su paz.
"La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo." La paz de Jesús no es como la paz del mundo, de nuevo contrapone los conceptos; esto es importante porque no podemos hacer comparaciones sin entender que para Jesús las cosas son diferentes a como se perciben en el mundo. Su paz, no es una paz superficial, no una paz que mas bien podría ser tranquilidad, y que se limita a momentos y a entornos. La paz que viene de él, es una paz profunda, interior, que no se limita a entornos sino que los sobre pasa. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que a pesar que el entorno pueda ser completamente negativo, el corazón no se turbará, se mantendrá en paz.
Luego se centra en su partida al padre: La ha profetizado, es decir lo dijo antes de que sucediera con el objetivo de que creyeran y cierra su discurso con un mensaje que deja mucha claridad en cuanto a la manifestación de amor a Dios: "pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo". El amor a Dios se manifiesta en obediencia a las ordenes del padre. Hoy en día se habla de amar a Dios de una manera bastante romántica o emotiva, se centra en lo que siento pero no en lo que hago. No es que se nieguen las emociones pero no podemos decir que amamos a Dios si actuamos contrario a sus estatutos, es muy simple, así como la paz de Jesús es una paz distinta a como la entiende el mundo; el amor es un concepto diferente en Dios a como lo entiende el mundo. Es un amor de hechos, de acciones.
Así como no podemos confundir la paz de Dios con la paz del mundo, no confundamos amar a Dios como ama el mundo. Son conceptos que se contraponen y así como él nos da su paz y no la da como la da el mundo, el espera que le amemos como el quiere ser amado y no como ama el mundo. Y Jesús nos dio el ejemplo mayor.

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