V jueves de pascua. San Luis María Grignion de Monfort.

Nacido en Monfort, poblado de la Bretaña menor, ordenado sacerdote en Paris, Luis Maria Grignion fue designado misionero apostólico por el papa Clemente XI y recorrió las regiones del oeste francés anunciando el misterio de la sabiduría eterna, Cristo encarnado y crucificado; enseñando el camino de santidad "a Jesús por María"; asoció a su obra presbíteros hermanos y hermanas, juntamente con la beata María Luisa Trichet. Murió en la ciudad de Saint Laurent-sur-Sévere de la diócesis de Lucon, el 28 de abril de 1716, dejando muchos escritos, principalmente sobre espiritualidad mariana.

Evangelio del día: San Juan 15, 9-11
 9 Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. 
Hoy en día mucho se habla de amor y es de las palabras más utilizadas pero también es una palabra que al abusar de ella y darle acepciones tan diferentes ha quedado vacía y sin significado concreto, es un problema del lenguaje, pues el relativista ha llegado a grados tan insospechados como el que cada quien le da el significado que quiere a una expresión a un concepto. Por tanto cuando alguien dice: "Yo amo a Dios," deberíamos preguntar primero, que entiende  esta persona por amor, lo mismo aplica cuando alguien me dice: "Te amo" o "Dios es amor".

En estos breves versículos Jesús define de manera concreta y práctica en que debe resumirse amar a Dios. "Yo amo a Dios", no solo puede ser una expresión romántica, llena de emotividad, tiene que definirse por acciones; decía San Josémaría Escrivá: "Obras son amores y no buenas razones".

Jesús nos dice que nos ama tal como el padre le ha amado a Él y por tanto debemos permanecer en su amor. ¿cómo permanezco en su amor?, Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.  De nuevo la claridad de las palabras de Jesús no necesitan mayor interpretación. El padre ha establecido un orden al cual adherirse (mandamientos, preceptos, principios etc). Guardar ese orden es la manifestación de amor a Dios. Jesús va más allá y se pone de ejemplo. El ha guardado los mandamientos del padre, ha cumplido su voluntad y por eso permanece en el amor del Padre. Y cierra diciendo algo sumamente importante, la razón por la que nos lo dice es para que la alegría que emana de Él al cumplir los mandamientos del Padre, llegue también a nosotros, para que esa alegría llegue a plenitud. 

Nos quedan claras dos cosas: 
  1. Amar a Dios es cumplir sus mandamientos.
  2. Al vivir conforme a los mandmaientos de Dios encuentro la alegría plena, la felicidad. 
En un mundo que nos enseña que la felicidad está en satisfacer mis deseos y someterme a mis pasiones y darles rienda suelta, las palabras de Jesús son revolucionarias: La felicidad está pero no en el someterme a mis placeres, sino  a la voluntad de Dios, obedecerle es la muestra de amor a Dios y eso es el camino que me lleva a la felicidad. La disyuntiva se nos plantea de nuevo, dos caminos. La decisión siempre es nuestra. 

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