IV sábado de pascua. San Jorge, mártir.

Nacido en Lydda, Palestina, la tierra de Jesús, era hijo de un agricultor muy estimado. Entró al ejército y llegó a ser capitán. Se hizo famoso porque al llegar a una ciudad de Oriente se encontró con que un terrible caimán (o dragón o tiburón) devoraba a mucha gente y nadie se atrevía a acercársele. San Jorge lo atacó valientemente y acabó con tan feroz animal. Y reuniendo a todos los vecinos que estaban llenos de admiración y de emoción, les habló muy hermosamente de Jesucristo y obtuvo que muchos de ellos se hicieran cristianos.

Pero el emperador Diocleciano mandó que todos tenían que adorar ídolos o dioses falsos y prohibió adorar a Jesucristo. El capitán Jorge declaró que él nunca dejaría de adorar a Cristo y que jamás adoraría ídolos. Entonces el emperador declaró pena de muerte contra él. De paso para el sitio del martirio lo llevaron al templo de los ídolos para ver si los adoraba, pero en su presencia varias de esas estatuas cayeron derribadas por el suelo y se despedazaron. A Jorge lo martirizaron y mientras lo azotaban, él se acordaba de los azotes que le dieron a Jesús, y no abría la boca, y sufría todo por Nuestro Señor sin gritar ni llorar. Muchos al verlo exclamaban: "es valiente. En verdad que vale la pena ser seguidor de Cristo". Cuando lo iban a matar decía: "Señor, en tus manos encomiendo mi alma". El siempre rezaba y Dios siempre lo escuchaba. Al oír la noticia de que ya le iban a cortar la cabeza se puso muy contento, porque él tenía muchos deseos de ir al cielo a estar junto a Nuestro Señor Jesucristo.

San Jorge mártir es el Patrono de Inglaterra y de los Boys Scouts.
Su culto alcanzó gran celebridad desde muy antiguos tiempos en la Iglesia. La Iglesia de Oriente lo llama "El gran mártir".

En tiempos de Las Cruzadas, el rey Ricardo Corazón de León se convenció en Tierra Santa de que San Jorge tenía un gran poder de intercesión en favor de los que lo invocaban y llevó su devoción a Europa, especialmente a Inglaterra.

Evangelio del día: San Juan 14, 7-14
7 Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». 8 Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 9 Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. 12 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. 13 Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.
Ahora continuamos la lectura exactamente adonde nos quedamos ayer, Jesús continua hablando a sus discípulos y dándoles esperanza.

"Si me conocierais, conoceríais también a mi Padre..."

¿Si me conocieseis?" Creían sin duda conocerle.Pero, nunca se conoce del todo a Jesús. Nunca se le descubre por entero. El conocimiento total de Jesús, es descubrir su identidad con el Padre.

"Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto", Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta", Jesús le replica: Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”?

Es una de las afirmaciones más fuertes de Jesús. Unidad con Dios. Viéndolo, ¡se ve a Dios! por así decir. Escuchándole, ¡es a Dios a quien se oye! Siguiéndole, ¡se sigue a Dios!

¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?

Jesús es un hombre lleno de Dios. Hay que dejarse impregnar por estas palabras. Ha habido un hombre, Jesús de Nazaret, un hombre de carne y hueso, muy real, un hombre que pisaba el suelo con sus dos pies, un hombre que tenía amigos, relaciones humanas, un hombre que comía y bebía con sus amigos... y este hombre, en el mismo instante, estaba en "comunicación con Dios", "se identificaba a Dios", "no hacía sino uno con Dios". Y era todo lo contrario de un loco. Un hombre equilibrado por excelencia. Un hombre humilde. Un hombre sin ambición ni orgullo: un hombre que se arrodillaba delante de sus amigos para lavarles los pies.

"Si no, creed a las obras"

Si sólo hubiese afirmado estas cosas, se podría dudar... esto resultaría "increíble". Pero los actos que ha hecho hacen pensar que era verdad. En particular, ¡ha resucitado!

"En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores."

Y no sólo hace grandes cosas, sino sus seguidores harán mayores. Dos mil años de historia y la iglesia ha logrado lo que ninguna otra institución humana ha logrado. 

"Porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

Nada mejor para hacernos humildes en nuestros aciertos y nuestras realizaciones: estas "grandes obras" que se hacen por nuestras manos, no vienen de nosotros sino del Padre... han sido merecidas por el Hijo que ofreció su vida, y que intercede por nosotros... son el fruto de la oración y de la gracia.

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