IV miércoles de pascua


Evangelio del día: Juan 12, 44-50
44 Jesús gritó diciendo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. 45 Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. 46 Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. 47 Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. 48 El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. 49 Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. 50 Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».
Las palabras que San Juan pone en boca de Cristo pretenden hacer conciencia de lo que esta en juego cuando se trata del evangelio, sigue siendo de gran actualidad, porque el evangelio impere será crisis para los seres humanos de cada generación. Es de importancia decisiva para todos los que leemos.

Jesús exclama y grita diciendo una revelación que debemos poner mucha atención y no debemos ni podemos pasar por alto: El que cree en Jesús no solo cree en Jesús sino que también cree en Dios. Se vuelven exactamente lo mismo, Jesús es entonces la manifestación visible de Dios, el encuentro con Jesús es el encuentro con Dios o bien podría decirse que en l apersona de Jesús es Dios saliendo al neutro del hombre por tanto Dios solo se puede ver y encontrar en Cristo. 

Esto tiene implicaciones practicas, ya no podemos decir con tranquilidad que todos los caminos llevan a Dios o que toda religión al final se encuera con Dios. Jesús esta declarando una exclusividad total y manifestándose como luz, lo cual hace de la misma ya no un concepto abstracto o algo impreciso, la persona de Jesús es la luz. Sólo por él y exclusivamente por él podemos llegar a Dios porque él mismo es Dios. No existe otro camino.

La acción primordial de Jesús no es juzgar al hombre sino salvarlo de manera gratuita, por tanto aquel que le rechaza, aquel que no lo recibe, aquel que decide continuar en tinieblas en lugar de seguir la luz no es juzgado por él, quien juzga al que rechaza a Cristo son las mismas palabras de Cristo, la advertencia fue dada. Culpar a Cristo de un juicio al final de la vida como consecuencia de haberle rechazado es el equivalente de culpar a un rotulo de advertencia sobre la carretera en la que se me indicaba no seguir por ese camino porque me llevaba a un abismo, y al no tomarlo en cuenta sigo adelante y caigo en el abismo. El ser humano es responsable de su propia libertad, Dios no juzga pero ha dado la suficiente advertencia por tanto cada quien será responsable de las decisiones que en libertad ha tomado, la responsabilidad ultima de la salvación es de cada ser humano.

La radicalidad de estas palabras tienen implicaciones para el hombre moderno que trata de huir siempre de posiciones extremas y busca los puntos medios. Jesús no da opciones, dice ser el la luz, el dice ser el camino, dice ser la verdad y la vida. Son declaraciones de un absolutismo que a veces no agrada y que nos gustaría que fueran más conciliadoras, pero no lo son. O se recoge con Jesús o se desparrama. O se esta con él o se esta contra él. La decisión es nuestra y nuestra decisión será la que nos juzgará, no podemos culpar a nadie más. El ha hablado, el se ha manifestado, la pelota esta en nuestra cancha 


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