IV domingo de pascua


Evangelio del día: San Juan 10, 27-30
27 Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28 y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre somos uno».
En el contexto inmediato de esta lectura, Jesús se paseaba en el templo durante la celebración de la dedicación del mismo. Los Judios le preguntaron hasta cuando los tendría en suspenso, que si él era el mesías cuando lo iba a declarar. Jesús les responde que ya lo hizo de palabra y de obra, pero que ellos no creen porque no son parte de su rebaño. Luego expresa lo leído en el evangelio del día. Declara tres cosas de suma importancia:

  1. Sus ovejas escuchan su voz y le siguen: Esta alegoría de un pastor cuidando las ovejas es recurrente en toda la escritura sagrada. La oveja un animal por naturaleza torpe, que necesita ser cuidado por un pastor pues de lo contrario es fácil presa de los depredadores se alinea fácilmente a nosotros los seres humanos. Somos torpes y presa fácil del mal, pero la voz de Jesús es una alerta clara para saber hacía donde seguir, que camino tomar. Escuchar a Jesús es la clave de tener la certeza de ir en el camino correcto. 
  2. El resultado de seguirle. Como resultado, como meta final, es recibir la vida eterna, alcanzar el cielo, el estado de perfección en la presencia de Dios. Y de paso la garantía de que al seguir su voz nadie podrá arrebatarnos de sus manos. Aclara que el Padre las ha entregado y que es el Padre el que las cuida para que nadie las robe, y es aquí donde hace de nuevo una declaración de su divinidad.
  3. Jesús es Dios. Yo y el padre uno somos. Al menos cuatro concilios y miles de libros han debatido el tema de la divinidad de Jesús. Él se declara Dios, nuevamente nos pone en una encrucijada, pues a diferencia de cualquier líder o figura religiosa, Jesús dice ser Dios mismo, eso tiene implicaciones de gran alcance. Él es Dios, él es todo, sólo a él basta seguir. Me da certezas de ser el pastor que cuida de sus torpes ovejas, me da garantías de un destino final agradable y me dice que él es el verdadero Dios. 
La voz de Jesús es una de muchas voces que escuchamos hoy en día, se pierde en el ruido generado por las voces que nos dicen por donde ir; pero sus ovejas son capaces de escuchar su voz y seguirle. Somos capaces de poner atención y diferenciar la voz del pastor, sólo basta un poco de empeño y el nos llevará hacia la vida eterna sin posibilidad que nos arrebaten de sus manos. 



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