III sábado de cuaresma
Evangelio del día: San Juan 6, 60-69
60 Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?». 61 Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, 62 ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? 63 El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. 64 Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. 65 Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede». 66 Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. 67 Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». 68 Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; 69 nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Cuando leemos el milagro de los panes y los peces nos deslumbra el acto sobrenatural de Dios al multiplicar la materia, pero olvidamos todas las consecuencias que desató ese milagro. Jesús aprovechó de dejar en claro que debes buscarle no por los beneficios que se obtienen, sino por él, solamente por él. Nos enseñó que nuestra prioridad debe ser la búsqueda del alimento espiritual sobre el material. Además se desprendió de esto una controversia pues Jesús mismo se hizo pan, el pan del cielo, que da la vida. Los judíos lo entendieron como algo real, no como un símbolo, pero Jesús dejó en claro que su cuerpo era verdor pan que sus seguidores podrían comer.
Tan dura fue esa revelación, que este día leemos que muchos de sus seguidores se echaron atras, desistieron y lo abandonaron. Ciertamente sigue ocurriendo, se sigue a Cristo con emoción hasta que surge un punto en el que no estoy de acuerdo, o me parece muy duro, o quizá una postura radical y fanática, de repente podemos pensar que alguna doctrina es demasiado fundamentalista para nuestra época moderna y es entonces cuando se toma distancia. Nos echamos atrás no necesariamente abandonando la fe, sino acomodando a conveniencia y entonces las posturas que me parecen demasiado duras las paso por el lente de la filosofía moderna, re interpretamos a Cirsto y lo decontruimos, al final nos convertimos en cualquier cosa menos en Cristianos.
Somos hijos filosóficos de Kant (aunque no lo sepamos) y algunos de Nietzsche (aunque no sepan ni siquiera quien es el padre) y esas estructuras de pensamiento nos persiguen. El catolicismo es una fe tan completa que tiene una estructura de pensamiento propia que en lugar de encasillar el pensamiento lo libera y a la luz de las enseñanzas de Jesús ha podido generar una visión de vida, por tanto ser Catolico es decir abrazar la fe genuina de los apsotoles sobre la cual se ha fundamentado la cristiandad a lo largo de dos mil años es no solamente la visión romántica de seguir a Jesus con frases bonitas y hasta emotivas, es aprender a pensar de nuevo, bajo una estructura de pensamiento distinta que genera vidas distintas. Así bajo esa estructura de pensamiento es difícil querer re interpretar a Jesús y se tiene que acepar su pensamiento tal cual, por muy duro que este me parezca, solo así es como de verdad le puedo seguir, sin echarme atrás acomodando a conveniencia.
Pero ojo, cuando los discípulos se echaron atrás, Jesús no los detuvo, no les pidió que se quedaran y que él "ablandaría" su postura para que se sintieran cómodos. Al contrario, miró a los doce y les preguntó: "¿También vosotros queréis marcharos?". Jesús no se adapta a mi manera de ver las cosas, soy yo el que debe de adaptarse a las de él. Como Pedro debe responder: Señor, ¿a quien iremos?, Tu tienes palabras de vida eterna. Jesús dijo ser el camino, la verdad y la vida, cuando me echo para atrás me quedo sin camino, sin verdad y sin vida.

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