III miércoles de pascua. San Martín I, Papa y mártir.
Nacido en Todi (Umbria), y miembro de la clerecía romana, fue elegido para la cátedra de San Pedro el año 649. Ese mismo año celebró un concilio en el que fue condenada la herejía monoteísta. Detenido por el emperador Constante el año 653 y deportado a Constantinopla, sufrió lo indecible; por ultimo fue trasladado al Quersoneso, donde murió el año 656.
Evangelio del día: San 6, 35-40
Evangelio del día: San 6, 35-40
35 Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; 36 pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. 37 Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, 38 porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. 39 Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40 Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».En los orígenes, el hombre quiso probar el árbol de la vida para hacerse como Dios. Y lo que era fuente de vida se convirtió en veneno: en lugar de recibir su alimento por gracia, el hombre quiso producir él mismo su felicidad. El hombre fue arrojado del paraíso, porque quería vivir sobre su propia tierra, la que construiría él sólo.
"¡Al que venga a mí, no lo echaré fuera!". Al escuchar la palabra de Jesús encontramos la tierra de nuestros orígenes. Jesús llama para recibir la gracia y el perdón, y nosotros somos reintroducidos en el jardín para gustar del fruto del árbol. El lo atrae todo a sí: plantada en el corazón del mundo, su cruz es el nuevo árbol de la vida en el que todo hombre puede encontrar su nacimiento. "Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio".
No hay derechos reservados a la salvación, y la huella del Espíritu no es una marca registrada. La gracia no es un coto ni una reserva protegida, un paraíso para privilegiados. El árbol de la cruz está plantado fuera de los muros de la ciudad, sobre una colina, porque "muchos pasaban por allí", y el nombre que salva está escrito en griego, en hebreo y en latín, para que cada cual conozca en su propia lengua la maravilla de Dios.
La salvación es universal, pues no hay justos: todos son enfermos y todos están llamados a la curación. Para que el árbol dé fruto en abundancia, el grano tuvo que ser arrojado al surco del Gólgota. La Palabra de gracia sólo podrá germinar sembrada en las lágrimas y en la sangre. La Vida no podrá salir victoriosa sino después de haber estado aprisionada en una tumba.
"Si el grano no muere, no puede dar fruto" (Juan 12, 24). En cristiano, no hay más que una ley de crecimiento: la de la vida entregada, la de la esperanza que asume el riesgo, la del comenzar de nuevo, una y otra vez, desde la sola confianza en la fidelidad del Espíritu.
El árbol no tiene otra razón de ser que no sea la de dar cobijo a los hombres que buscan la vida. Sólo podrá crecer si hay hombres y mujeres que son fieles hoy a la ley del crecimiento del Reino: si entregan su vida al amor gratuito e incondicionado, por encima de toda coacción y en la libertad del Espíritu.

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