III martes de pascua
Evangelio del día: San Juan 6, 30-35
30 Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». 32 Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». 34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». 35 Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás;
Esta conversación se encuentra dentro de un contexto más amplio. Jesús ha realizado el milagro de los panes y los peses, los multiplicó y dio de comer a más de cinco mil. Ha caminado sobre las aguas para llegar al otro lado del lago y la gente lo ha seguido, sospechando que algo milagroso ha hecho pues nadie lo vio subir a una barca. Le han buscado y Jesús les ha recriminado que lo buscan porque el les ha dado de comer, les ha dado pan, y les dice que es mejor que se esfuercen por el pan que perdura, por el pan que da la vida eterna.
Es aqui cuando ellos le replican: ¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”. Ellos interpretaban que el mana por ser caído del cielo tal y como lo narra el antiguo testamento, a pesar de ser un pan que perecía (solo lo podian comer el día que lo recogían), ese era el verdadero pan del cielo.
Acá Jesús responde dando una interpretación que hasta el día de hoy sigue causando controversia:"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás;" Él se adjudica ser ese pan que da alimento al hombre, y buscarlo a él es buscar ese pan que llenará el alma y no volverá a tener hambre. Nuestra sociedad esta llena almas famélicas, que buscan llenarse con pan que perece; uno sólo es el pan que nos llena, Jesús.
Es una posición radical la del Señor, él se establece como el único pan, no hay otro.

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