III jueves de pascua


Evangelio del día: San Juan 6, 44-51
44 Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. 45 Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. 51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
La lectura de esta semana se ha concentrado en esta misa conversación que Jesús tiene con los judios al día siguiente del milagro de los panes y los peces. Esta gente es la que lo ha seguido, pero el les ha dicho que lo siguen porque les dio de comer pan, y les invita a buscar el pan del cielo, ese pan que les quitara el hambre del alma. Ellos han contestado que el pan del cielo lo dio Moises a sus padres ene le desierto, el mana.  Él les aclara que el mana no era el verdor pan del cielo, pues coman e igual les daba hambre, se auto proclama como el verdadero pan. Los judíos murmuraban, pues Jesús, paralelos era un conocido, sabían de su familia, era parte de la comunidad. Jesús, entonces les responde, lo que leemos este día:

Es de rescatar una frase que tiene implicaciones eternas: "En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna" Refiriéndose a creer en él como pan que viene del cielo, creer en Jesús en el sentido de fe activa, como él mismo ha venido enseñando, creer es seguirle, obedecerle, vivir bajo su visión de vida y no bajo la mía propia, ese creer, ese seguimiento total a Cristo abre las puertas a la vida eterna.

Veamos con cuidado la escena, esta gente ya le sigue, pero tiene razones materiales para seguirle, no lo seguían por ser él. Como decía San Agustín, seguir a Cristo porque es Cristo y ya, siempre le seguimos por un interés oculto, vamos buscando el pan. Aquí nos plantea el seguirle no por los beneficios que recibimos, sino por recibir los beneficios eternos, comer del pan del cielo, el que llena el alma antes que el cuerpo. Anteponer la vida material a la vida espiritual. Es un replanteamiento de prioridades. Buscar a Jesús por los beneficios eternos y no por los temporales. Esta es una cuestión que todo el que se dice seguir del Señor debe plantearse. Él es el pan vivo que ha bajado del cielo, el que lo coma vivirá para siempre.

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