V viernes de cuaresma. Beato Oscar Romero
Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, República de El Salvador, el 15 de agosto de 1917, día de la Asunción de la Virgen María. Su familia era humilde y con un tipo modesto de vida. Desde pequeño, Oscar fue conocido por su carácter tímido y reservado, su amor a lo sencillo y su interés por las comunicaciones. A muy temprana edad sufrió una grave enfermedad que le afectó notablemente en su salud.
Estudió con los padres Claretianos en el Seminario Menor de San Miguel desde 1931 y posteriormente con los padres Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña hasta 1937. En el tiempo que estalló la II Guerra Mundial, fue elegido para ir a estudiar a Roma y completar su formación sacerdotal y seguramente su elección se debió a la integridad espiritual e inteligencia académica manifestada en el seminario.
En el transcurso de su ministerio Arzobispal, Mons. Romero se convirtió en un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; esto lo llevaba a emprender una actitud de denuncia contra la violencia, y sobre todo a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal.
Sus homilías se convirtieron en una cita obligatoria de todo el país cada domingo. Desde el púlpito iluminaba a la luz del Evangelio los acontecimientos del país y ofrecía rayos de esperanza para cambiar esa estructura de terror.
El domingo 23 de marzo de 1980 Mons. Romero pronunció su última homilía, la cual fue considerada por algunos como su sentencia de muerte debido a la dureza de su denuncia: "en nombre de Dios y de este pueblo sufrido... les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, CESE LA REPRESION".
El 24 de marzo de 1980 Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez fue asesinado de un certero disparo, aproximadamente a las 6:25 p.m. mientras oficiaba la Eucaristía en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, exactamente al momento de preparar la mesa para recibir el Cuerpo de Jesús. Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez.
Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.
Evangelio del día: Juan 17, 11-19 (Este evangelio no corresponde al V viernes de cuaresma sino a la lectura de la misa del Beato Monseñor Romero)
11Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. 14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Esta oración conocida como "Sumo Sacerdotal" en la que Jesús intercede por todos aquellos que creeremos en él, intercede para mantenernos unidos y que seamos guardados del mal. Insiste en que nos somos del mundo, es decir, que la cosmovision del mundo choca con la cosmovision Cristiana, por tanto seremos perseguidos y odiados. Existe un choque frontal entre ambas visiones.
Monseñor Romero fue una voz que clamó ante una cosmivision mundana de represión contra el más desprotegido, eso causo un choque frontal que lo llevo a su martirio. Lo particular en el caso de nuestro Beato, es que si bien fue una voz de esperanza, de justicia y de fe. Fue un pastor que cuido de su pueblo y que literalmente dio la vida por sus ovejas; fue fiel a la doctrina de Cristo.
Ahora, pedimos a nuestro Beato, que interceda por nuestra patria, por esas mismas ovejas por quienes dio la vida para que podamos cumplir las primeras palabras de la oración de Jesús: "para que sean uno". A un año de su beatificación el país esta más polarizado que nunca, las extremas se vuelven mas irracionales y en ocasiones ese extremismo ideológico se trata de llevar a la misma Iglesia. Beato Romero, intercede por nosotros, y que antes de la ideología prime nuestra fe, antes de una tendencia partidaria reconocernos católicos, para que podamos ser uno. Tal y como nuestro Señor lo desea.

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