IV viernes de cuaresma
1 Después de estas cosas, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. 2 Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
10 Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
25 Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es este el que intentan matar? 26 Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? 27 Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene». 28 Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; 29 yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». 30 Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.
Los judíos buscaban a Jesús para matarlo. En Galilea había fracasado; sus discípulos -muchos discípulos- lo habían abandonado a raíz de su discurso sobre el pan de vida (relato del cap. anterior que se leerá en una de la semanas de Pascua).
En el cuarto evangelio la amenaza de muerte sobre Jesús es constante. ¿Por qué no se realizó este deseo de sus enemigos en las distintas ocasiones en que lo intentaron? Jesús resulta ser una realidad excesivamente complicada como para poder prescindir de ella o eliminarla radicalmente cuando a uno le venga en gana. Pasó entonces y sigue pasando ahora. La gente que lo escuchaba se sintió atraída por él y, al mismo tiempo, escandalizada. Así pasó entonces. Así siguió pasando después. Incluso la policía del templo se sintió impotente para detenerlo a pesar de las órdenes estrictas recibidas de sus autoridades. "Nadie habló nunca como habla este hombre". La rabia y el respeto constituyen como el armazón de las controversias sobre Jesús.
Jesús subió a la fiesta de los Tabernáculos. La fiesta judía de mayor concurrencia, que celebraba el final de la cosecha y preparaba la próxima sementera. Las solemnidades en el templo se prolongaban durante ocho días. "Cuando sus parientes habían subido ya a la fiesta subió también él; pero no mostrándose, sino privadamente" dice el v. 10. El no busca el conflicto por sí mismo . Pero el conflicto siempre viene porque Jesús permanece fiel a la misión recibida. "Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: ¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente y no le dicen nada ¿será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene".
La controversia se centra en el Mesías y sus orígenes. La creencia popular tendía a envolver al Mesías totalmente en el misterio. Sería una persona de origen desconocido, que aparecería desde un lugar secreto del mundo en el momento oportuno para llevar a cabo su gran obra. Ahora bien, el conocimiento de la patria, y orígenes de Jesús contradecía esta creencia generalizable acerca del Mesías. Ante este conocimiento, los aspectos y pretensiones mesiánicos de Jesús se venían abajo. Este era el comentario por aquellos días en Jerusalén,.
"Entonces Jesús, mientras enseñaba en el Templo grito: A mí me conocéis y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz: a ése vosotros no le conocéis". Ante aquellas creencias fantásticas que impiden a la gente reconocerlo por Mesías, reacciona enérgicamente para refutarlas. Aquellas opiniones acerca del Mesías que al principio eran intentos de entender y explicar el plan de Dios, han terminado por convertirse en verdades indiscutibles. En nombre de una interpretación, de una tradición, dictan a Dios la manera de actuar, le planean el futuro. Su acción tendrá que acomodarse a sus creencias, o no se reconocerá como acción de Dios. Esto puede ocurrirnos también a nosotros, porque siempre será para nosotros el mayor obstáculo para encontrar de nuevo a Dios la forma y el modo como lo encontramos anteriormente, si seguimos prefiriendo ese modo y manera el modo y la manera como él quiera presentarse.
Hay que apegarse a Dios pero no al camino que tenemos para ir hacia él. Si yo he tenido una experiencia de fe, si Dios se me ha revelado de una manera determinada, no puedo esclavizarme a esa manera como la única forma ponerme en relación con Dios, sino que tengo que estar a abierto a cualquier forma como Dios quiera presentarse. El conocimiento que los judíos tiene de Jesús les impide profundizar en su conocimiento y descubrirlo como enviado del Padre. El conocimiento que tenemos de Dios, si lo hemos fijado ya para siempre y nos satisfacemos con él, será siempre el mayor obstáculo para que lo sigamos descubriendo.
Dice San Agustín:
"Si dices "ya basta", estás perdido. Aumenta siempre, progresa siempre, avanza siempre, no te pares en el camino, no vuelvas atrás, no te desvíes..."

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