IV sábado de cuaresma


Evangelio del día: Juan 7, 40-53
40 Algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: «Este es de verdad el profeta». 41 Otros decían: «Este es el Mesías». Pero otros decían: 42 «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». 43 Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. 44 Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. 45 Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron: «¿Por qué no lo habéis traído?». 46 Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre». 47 Los fariseos les replicaron: «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? 48 ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? 49 Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos». 50 Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: 51 «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?». 52 Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas». 53 Y se volvieron cada uno a su casa.
Esta cantidad tan variada de opiniones con respecto a Jesús, sigue sucediendo al día de hoy. Entre la gente siguen existiendo opiniones sobre Él. Se argumenta entre dimes y dirites, la discordia sobre quién es Jesús sigue impactando dos mil años después. Algunos creen sus palabras y otros deciden creer a su modo, otros (ahora muy de moda) quieren prenderlo y sacarlo de la vida publica eliminando todo vestigio de cristiandad. Otros, como los guardias del templo, al escucharlo, admiten que nadie habla como él, pero las presiones de los otros no les dejan creer y dudan.

Muchos, sintiéndose superiores, ven a los que han decidido seguirle sin condiciones, como "gente que no entiende", es típico escuchar o leer opiniones de cualquiera, diciendo que los fieles a la fe, son gente ignorante, que es engañada fácilmente. Los argumentos siguen siendo los mismos.

Desde el mismo inicio, decidirse por Cristo, ha sido casi un suicidio social, en algunos periodos de la historia o en ciertos lugares, se paga literalmente con la vida, en otros, es con la marginación, limitación o la burla y la presión de la sociedad.

Vivimos en u mundo que sigue teniendo su propia opinión sobre Jesús, en realidad son varias opiniones, pero todos concuerdan en lo mismo, Él no es Dios, por tanto se toleran entre ellas, pero no toleran la visión de la Iglesia, del Cristo, rey, del Señor, de Dios que gobierna la vida. Esa, para ellos, es una opinión intolerable, que atacan, que quieren destruir, como lo han intentado a lo largo de los siglos.

Han continuado y continúan acechándonos para ver si vacilamos o nos equivocamos, siempre buscan destruirnos, siempre lo han querido; pero luego de ver la historia pienso en estas palabras de nuevo, refiriéndose a la Iglesia: "Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"  y no puedo evitar pensar que en cada ocasión que nos han perseguido arrojaron la fe a los perros, y en cada ocasión no murió la fe, sino que murieron los perros.

Decía Chesterton: 
El cristianismo ha muerto varias veces, pero ha resucitado otras tantas, porque Dios sabe el camino para escapar del sepulcro.

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