IV miércoles de cuaresma. Santa Francisca Romana
Santa Francisca Romana, nació en Roma el año 1384. Se casó joven y tuvo tres hijos. En la dura época que le tocó vivir repartió sus bienes entre los pobres, atendió a los enfermos y desempeñó una admirable actividad con los necesitados, destacando, sobre todo, por su humildad y paciencia. El año 1425 instituyó la Congregación de Oblatas, bajo la regla de San Benito, murió el año 1440.
Evangelio del día: Juan 5, 17-30
17 Jesús les dijo: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». 18 Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. 19 Jesús tomó la palabra y les dijo: «En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, 20 pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. 21 Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. 22 Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. 24 En verdad, en verdad os digo: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. 25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. 26 Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. 27 Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. 28 No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: 29 los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. 30 Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
El evangelio de este día es continuación de la historia de ayer. Después que Jesús ha curado a un hombre en el templo y los fariseos se molestan por hacerlo en sábado, se acercan a reclamarle. La respuesta de Jesús sólo les enfurece más, ya no solo por quebrantar el sábado sino porque Jesús se hacia igual a Dios. Es interesante que hoy en día, mucha gente puede tolerar que se hable de Jesús, pero se enfurecen más o gil que los fariseos si tan sólo se menciona la divinidad de Cristo.
Jesús da un discurso en el que se leva a la poción de Dios y no deja lugar a dudas de que poción se esta dando el mismo, deja claro que Él y el padre son uno y que su obrar es exactamente el mismo obrar del padre. Pero sobre todo y aquí esta el centro de todo, deja muy claro que el que no honra al hijo, no puede honrar al padre. O para ponerlo más en perspectiva; no se puede honrar a Dios sino se honra como Dios al mismo Cristo. Esto no da lugar a treguas ni a negociaciones: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió". Negar la divinidad de Cristo es incurrir en juicio, es perder la vida eterna. Jesús deja de nuevo a los fariseos y a nosotros ante una situación extrema y critica, no deja puntos grises, lo pone en blanco y negro. Él es Dios y por tanto debeos honrarle como tal.
Actualmente se sigue negando la divinidad de nuestro Señor, en el peor de los casos se le tolera como un profeta, un hombre que dijo cosas buenas, incluso como un iluminado, pero se le niega su divinidad, tanto en la teoría como en la praxis. Incluso nosotros los que decimos seguirle, no le seguimos como tal. Él es Dios mismo, los padres de la Iglesia entendieron esto; por eso defendieron esta verdad de fe y tantas veces se derramó sangre, el hijo, la segunda persona de la trinidad, el hijo de Dios, Dios mismo, caminó sobre la tierra y es a ese mismo Dios a quien adoramos y honramos, esa es la posición que por derecho le corresponde y es la que nosotros debemos darle.

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