IV martes de cuaresma. San Juan de Dios.

San Juan de Dios, nació en Portugal el año 1495. Después de una milicia llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos. Fundó un hospital en Granada y vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron después la Orden de los hospitalarios de San Juan de Dios. Destacó sobre todo por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada el año 1550.

Evangelio del día: Juan 5, 1-16
1 Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, 3 y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos que aguardaban el movimiento del agua. 4 pues un ángel del Señor descendía de vez en cuando a la piscina y movía el agua. El primero que se metiera en la piscina después del movimiento del agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6 Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: «¿Quieres quedar sano?». 7 El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado». 8 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». 9 Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar. Aquel día era sábado, 10 y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla». 11 Él les contestó: «El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”». 12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?». 13 Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado. 14 Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». 15 Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 16 Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
Los enfermos que estaban en la puerta de las ovejas, estaban ahí por una razón, querían ser curados. Existía la creencia que un ángel decendia del cielo y movía el agua, el primero que entrara a la piscina era curado milagrosamente. Uno de esos enfermos tenía 38 años de querer llegar primero a la piscina, sus esfuerzos habían sido infructuosos. Narra San Juan que Jesús se acercó a ese hombre precisamente porque llevaba mucho tiempo esperando y le hace la gran pregunta: "¿Quieres quedar sano?" Este pobre hombre da como respuesta su frustración: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado". Durante 38 años sus esfuerzos no daban resultados, Jesús decide premiar el esfuerzo. Lo sana.

Vivimos en un mundo que premia solo el resultado, nadie se percata del esfuerzo de la persona, nadie se compadece del que genuinamente se esfuerza pero al final por alguna limitante no puede llegar. Ahora, Jesús nos invita a observar a aquellos que se esfuerzan pero no logran, que ponen todo su empeño en alcanzar sus objetivos pero todo su esfuerzo no es suficiente. Ellos necesitan un impulso, una ayuda. Nos centramos tanto en el resultado, que nadie se percata si estos fueron alcanzados de forma legitima.

Ayudar al que se esfuerza pero no logra, es una obra de misericordia, pero esta acción no esta excenta de ser punto de critica de los fariseos modernos. No podemos evitar asombrarnos como los fariseos al ver a este hombre sano después de 38 años en lugar de dar gloria a Dios se molestan por la pequeña salvedad que fue curado en sábado. Así sucede hoy en día, al ayudar al otro, muchos se molestaran por salvedades sin importancia. Pero, que importa incomodar a los fariseos modernos, demasiados están a la espera de que alguien les ayude a entrar a la piscina y quizá algunos llevan mas de 38 años.

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