III jueves de cuaresma
Evangelio del día: Lucas 11, 14-23
14 Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, 15 pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». 16 Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. 17 Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. 18 Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú. 19 Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. 20 Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21 Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, 22 pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. 23 El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.Han pasado más de dos mil años y el que no quiere creer sigue usando los mismos viejos argumentos de los fariseos. Jesús expulsa un demonio del cuerpo de un hombre y al no poder negar el hecho objetivo, acusan a Jesús de que el milagro fue hecho por obra de satanas y no por obra de Dios; otros piden otra señal más.
Estas dos argumentaciones siguen presentes el día de hoy. A pesar que la iglesia es muy cuidadosa y levanta expeditas investigaciones antes de determinar si existe un acto milagroso o no; mucha gente atribuye ese milagro a otros motivos o razones antes que otorgárselo a Dios.
Por otro lado muchos al tener cara a cara un hecho que no pueden negar, exigen una prueba más antes que aceptar que eso es algo que viene de Dios, y sería la de nunca acabar mostrando señal tras señal y siempre pedirán una más.
Jesús se da cuenta de eso y ante las argumentaciones farisaicas el responde de manera clara. Contra argumenta señalando lo ilógico de la idea pues satanas no puede dividirse contra si mismo, pero adicional deja una argumentación que deposita la carga de la prueba sobre el que duda de la señal. Si los exorcismos de Jesús vienen de la mano de Dios, es prueba del reino. Deja una duda en el razonamiento del otro que le obliga a replantear su argumento.
Finalmente cierra la discusión obligando a tomar una postura. Jesús no permite que la duda se mantenga en la mente del hombre, si bien, acota que tengamos dudas y el se encarga de dar señales y argumentos; luego espera que se tome una decisión concreta y no mantener la duda como estado perenne, acepta la duda como metodología para alcanzar la fe pero nunca como estado filosófico, por eso cierra de manera tan clara: "El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama".
De nuevo Jesús lleva a sus interlocutores y nosotros en este caso a no mantener posturas indecisas. Esta bien dudar, pero una vez que el ha dado su respuesta, nosotros no podemos postergar la nuestra, exige que se tome una decisión y esa cobardía de no tomar una decisión y querer postergar lo más que se pueda; es una cobardía del primer siglo pero también de este siglo 21. De nosotros depende. La pelota siempre la deja en nuestra cancha.

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