Domingo de Resurrección

La pascua, son los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de pentecostés, conmemorativo de la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles. San Atanasio decía que es un tiempo litúrgico que debíamos celebrarlo con alegría y exultación como si se tratase de un sólo y único día festivo, más aún, como un "gran domingo".

Evangelio del día: San juan 20, 1-9
1 El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2 Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 3 Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 4 Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5 e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. 6 Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos 7 y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9 Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
María Magdalena y un grupo de mujeres son las protagonistas en la mañana de Pascua. Ellas descubren, cuando aún es de noche, el gran acontecimiento de la historia. Es un amanecer desconcertante del todo: ¡Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!

Ponerse en camino movidos por el amor es el primer paso para encontrarnos con el Viviente y para anunciar que no entendemos nada, pero que algo grande ha ocurrido. Y por eso echan a correr, como echará a correr la noticia de que Dios, fiel a su Palabra, resucitó a su Hijo y con Él nos da la posibilidad de vivir una vida nueva

La experiencia de las mujeres, y la de Pedro, es nuestra propia y cotidiana experiencia: Nosotros tampoco hemos visto a Jesús Resucitado, sólo hemos constatado el vacío de una tumba, pero en lo profundo de nuestro corazón, hemos experimentado la vida nueva, la cercanía del Dios viviente, de Jesús Resucitado.

Hemos comido y bebido de su Cuerpo y de su Sangre, hemos podido superar el escándalo del viernes santo y un horizonte infinito se abre ante nuestras vidas: el Señor ha resucitado ¡y hay que celebrarlo!, ha vencido toda muerte y opresión y ni el pecado ni el mal tienen ya poder sobre nosotros que hemos compartido su mesa y su suerte.

Es tiempo de “buscar las cosas de arriba”. Es tiempo para la alegría y el gozo, para la vida nueva. La Pascua nos ofrece la oportunidad de “estrenar” nuevamente nuestro Bautismo y de profesar con convicción nuestra fe en Jesús que, según las Escrituras, ha resucitado de entre los muertos.

Es Pascua, toca vivir y revivir la resurrección de Jesús porque su vida es la levadura que hará fermentar nuestra vida y la del mundo entero.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Comentarios

Entradas populares de este blog

28 de Agosto: Celebramos a San Agustín, Faro de la Iglesia

Explorando la "Ascética Meditada" de Salvador Canals: Un Camino hacia la Santidad

Fernando Casanova y la encrucijada de la fe: Una invitación a la fidelidad en tiempos de incertidumbre