Sábado después de Ceniza
Evangelio del día: Lucas 5, 27-32
27 Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». 28 Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. 29 Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. 30 Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». 31 Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».Los publicanos eran recaudadores de impuestos, al servicio del odiado poder extranjero. Eran gentes ávidas de dinero. Aunque existía una tarifa estatal, ellos se las arreglaban para gravar a los contribuyentes con tarifas superiores. Era esto tan corriente que todo publicano era considerado sin más como un pecador. Eran tenidos por ladrones. El Talmud los considera como gente despreciable, con quienes todo era lícito, incluso despellejarlos, pues lo merecían. En este contexto uno logra entender porque el escándalo de los fariseos cuando Jesús invita a Leví a seguirlo y no conforme asiste al banquete en casa del publicano.
Jesús deja en claro algunos puntos: El llamado puede ser para cualquiera, no importa que tipo de vida, que tan pecador privado o publico se ha sido, el llamado de Jesús es universal. En el caso concreto de Leví, responde al llamado y deja todo para seguir a Cristo. Está tan feliz que hace un banquete para invitar a sus amigos, otros publicanos y pecadores como él, Jesús asiste a la fiesta y logra las criticas de los fariseos y da una de las respuestas más contundentes: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos." Y no es que en este mundo exista gente sana espiritualmente, pero si hay quienes se creen sanos, si me creo sano, justo, buenito, ¿para que quiero un medico?. Medico necesita el que sabe que esta enfermo, lo busca y cuando lo encuentra espera que lo sane.
El hombre moderno sigue tan enfermo como el del primer siglo, pero ahora al no poder negar su enfermedad y ver que todos padecemos de lo mismo, se hace creer a sí mismo que el estado de enfermo es natural y por tanto estar enfermo es estar sano ergo no necesita al medico. Decontruye la realidad y se construye la propia. Así ya no solo es enfermo sino engañado y la construcción de su propia realidad no es más que castillos en el aire.

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