II miércoles de cuaresma
17 Mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino 18 «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte 19 y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará». 20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21 Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23 Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». 24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 26 No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, 27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. 28 Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».Estos pocos versículos nos enseñan un cumulo de verdades Cristianas:
- Jesús sabía perfectamente todo que se venia sobre él. Estaba al tanto del sufrimiento que le esperaba para la redención del mundo, sin embargo no se acobardó y enfrentó su destino. Sabía que después resucitaría. Una fe inquebrantable y tan segura de si, es impresionante. Aprendemos de Cristo a confiar en las promesas del padre. Las contrariedades y los problemas que genera la fe se enfrentan mejor y con más gallardía estando convencidos de los frutos de ese sufrimiento que la misma fe nos promete.
- La madre de los Zebedeos es el epitome del que se acerca pidiendo a Cristo los bienes espirituales sin querer pasar por la cruz. Él deja en claro que para alcanzar esos bienes mayores debemos beber el mismo cáliz que él bebió.
- Aprovechando la indignación de los demás apóstoles, enseñó sobre otra paradoja Cristiana. El liderazgo. De nuevo contrapone una forma de hacerse versus otra. El cristianismo debe tener un liderazgo basado en el servir a los otros y no servirse a sí mismo.
La vision cristiana de la vida tanto en lo particular como en lo general, es una vision que va contra la vision del mundo (ahora más que nunca), si algo debemos tener claro, es que estamos contra el mundo, nos toca vivir cabalgando a contra pelo. Visiones, conceptos, formas de vida etc. son una lucha contra el mundo y contra nosotros mismos, de Jesús aprendemos que lo mejor es enfrentarlo con fe, estando seguros que al final hay una recompensa, la cual no lleva su propio cáliz que beber y que mientras la recompensa llega, la mejor forma de vivir es sirviendo a los demás.

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