Santa María Madre de Dios

Octava de navidad día 8

Hoy es la octava de navidad y el primer día del nuevo año, una conclusión y un comienzo. La Iglesia lo dedica a la "Virgen del camino", a la que encontramos en cada estadio de la andadura de la vida, en su momento inicial y "en la hora de nuestra muerte".

Se le ha dado ese título en el nuevo calendario litúrgico revisado. La denominación pone claramente de manifiesto que se trata de una fiesta de Nuestra Señora, y que tiene por objeto honrar su maternidad divina con la solemnidad conveniente. Antes de cambiarse el título en 1969, se conocía la fiesta como la "Circuncisión de nuestro Señor". También se conmemora esto, la imposición del nombre de Jesús al niño de María pero el objeto principal de la fiesta es la maternidad virginal de María contemplada a la luz de la navidad.

De hecho, la liturgia de este día tuvo siempre un marcado carácter mariano, de manera que el cambio de título sirve casi exclusivamente para explicar lo que estaba implícito en la misa y en el oficio de la octava de navidad. Los historiadores de la liturgia saben, desde hace mucho tiempo, que esta fiesta del 1 de enero es, sorprendentemente, la celebración más antigua en honor de Nuestra Señora en la liturgia romana. Las antífonas, que exaltan la maternidad divina de María, están tomadas del oficio antiguo y han sido utilizadas durante varios siglos.

Evangelio del día: Lucas 2, 16-21
V.19 María, por su parte, conservaba todas esta cosas, meditándolas en su corazón.
La fiesta del 1 de enero no sólo es la fiesta mariana más antigua en la liturgia romana, sino que, además, tiene importancia excepcional y merece la prominencia que se le ha otorgado ahora. 

Efectivamente, el misterio de la maternidad divina es realmente la verdad fundamental acerca de la virgen María. Otras fiestas ocupan lugares más elevados en el orden jerárquico, pero es preciso recordar que las dos más importantes tienen una relación directa con la fiesta de hoy. La inmaculada concepción tiene presente la función de María como madre de la palabra encarnada. Esa fue la manera que Dios escogió para preparar una morada digna para su Hijo. La mayor de todas las fiestas marianas, la asunción, no es sino la consecuencia de su maternidad divina, pues no era conveniente que el "Tabernáculo de Dios" sufriera la corrupción.

La doctrina de la maternidad divina no es sólo un dogma católico, sino que es una creencia que compartimos con muchos cristianos de otras denominaciones. Y esto es importante, porque, hablando en general, los protestantes tienen dificultades con la inmaculada concepción e incluso con la asunción de María a los cielos. Aquí pisamos, al menos, una base común, como dijo un portavoz de ellos: "Cuando dices que María es la madre de Dios, lo has dicho todo" (Citado por uno de los portavoces en la XIII Conferencia Ecuménica de Glenstal. El Rev. J. Haire ha descrito el punto de vista protestante en un artículo: Born of the Virgin Mary, publicado en "Doctrine and Life", agosto 1976, 549-62. Originariamente se leyó en esta conferencia.)

En uno de los himnos latinos a Nuestra Señora encontramos el verso Monstra te esse matrem, "Demuestra que eres una verdadera madre para nosotros".

Pero no basta con que creamos en su función intercesora; es imprescindible que también la experimentemos. Deberíamos tener un sentido permanente de su presencia en nuestras vidas, cerca de su Hijo y cerca de nosotros. Este es el secreto de la devoción católica a Nuestra Señora, y ésa es la gracia que pedimos en la oración final de la fiesta: "Concédenos que podamos sentir el poder de su intercesión cuando ella implora por nosotros con Jesucristo tu Hijo, el autor de la vida".

acercándonos a ella y pidiendo su intercesión es la mejor manera de comenzar este 2016.


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