Sábado de la II semana de Navidad


Evangelio del día: Juan 3, 22-30
22 Después de esto, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.23 También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba.24 A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.25 Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación;26 ellos fueron a Juan y le dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él».27 Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo.28 Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él”.29 El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada.30 Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.
Juan el bautista es uno de los personajes que más admiración me causa en el Nuevo Testamento. Es un verdadero héroe. Le tocó despertar al pueblo de Israel que había tenido un prolongado silencio en cuanto a profetas. Le tocó ser la figura que sirvió como puente entre el antiguo testamento y el nuevo testamento, los primeros padres de la iglesia lo sitúan como el ultimo profeta del antiguo testamento y el primer portavoz del Salvador. Es un modelo de austeridad y sacrificio, fue un personaje conocido y admirado en su época, esto lo reflejan los escritos del nuevo testamento y las crónicas del historiados Flavio Josefo. Él era un paladín de la justicia y una voz que clamaba en el desierto pero que el pueblo la escuchaba y respetaba, temido por el mismísimo Herodes. Fue un personaje que causo una profunda conmoción social en su época.

El heroismo de Juan el bautista no se debió a todo lo que se le reconoce que hizo en la vida publica, sino a lo que hizo en la privacidad. Sus discípulos llegaron a decirle: Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él". Y el gran Juan, el hombre que había sacudido y conmocionado a la sociedad de su época, el gran profeta respetado por el pueblo y temido por los reyes, responde: "Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar". 

Juan el bautista, sabia reconocer quien era verdaderamente el héroe de la película. Cuanta falta nos hace hoy en día actitudes como esa, reconocer quien es el verdor héroe, quien es el verdadero rey. Nos encontramos con Cristo en el camino y le permitimos ayudarnos y mejorar la vida; pero que difícil es menguar nosotros para que el crezca. Lo paradójico es que no lo dejamos crecer porque querremos ser grandes nosotros y no hemos entendido que nuestra grandeza vendrá como vino la de Juan, vendrá cuando mengüemos.

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