III sábado del tiempo ordinario.


Evangelio del día: Marcos 4, 35-41
35 Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». 36 Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37 Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. 38 Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». 39 Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. 40 Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». 41 Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».
Los padres de la iglesia siempre han visto en este texto a la barca como figura de la iglesia, azotada por los conflictos con el mundo, Jesús increpará siempre a sus enemigos para volver a la calma. Ciertamente ha sido a si, a través de los siglos. El cristianismo ha sido en muchas épocas atacado, vilipendiado y en muchas ocasiones se ha intentado hacerlo desaparecer. La barca ha tenido que sufrir  varias veces, pero siempre ha resistido. Como bien dice el gran Chesterton: "El cristianismo ha muerto varias veces, pero ha resucitado otras tantas, porque Dios sabe el camino para escapar del sepulcro". 

Estamos de nuevo en una época de la historia en la que la barca esta siendo azotada por viento y marea; azotada desde afuera, pero también desde adentro, pero en cada ocasión que nos han perseguido arrojaron la fe a los perros, y en cada ocasión no murió la fe, sino que murieron los perros.

Las palabras de Jesús luego de calmar la tempestad son claves:  ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?". Reforcemos nuestra confianza en Jesús y los miedos desaparecerán. Hasta el viento y el mar le obedecen; si estamos en la barca, aun con toda la tempestad, es el lugar más seguro sobre el planeta.

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