III lunes del tiempo ordinario. La conversión de San Pablo


La conversión de San Pablo es uno de los mayores acontecimientos del siglo apostólico. Así lo proclama la Iglesia al dedicar un día del ciclo litúrgico a la conmemoración de tan singular efemérides.

Saulo, nacido en Tarso, hebreo, fariseo rigorista, bien formado a los pies de Gamaliel, muy apasionado, ya había tomado parte en la lapidación del diácono Esteban, guardando los vestidos de los verdugos "para tirar piedras con las manos de todos", como interpreta agudamente San Agustín.

De espíritu violento, se adiestraba como buen cazador para cazar su presa. Con ardor indomable perseguía a los discípulos de Jesús. Pero Saulo cree perseguir, y es él el perseguido. Mientras iba camino a Damasco en persecución de los discípulos de Jesús, una voz le envolvió, cayó en Tierra y oyó la voz de Jesús: "Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?" Saulo preguntó: "-¿quién eres tú, Señor?" Jesús le respondió: "-Yo soy Jesús a quien tú persigues. -¿Y qué debo hacer, Señor?".

Pocas veces un diálogo tan breve ha transformado tanto la vida de una persona. Cuando Saulo se levantó estaba ciego, pero en su alma brillaba ya la Luz de Cristo. "El vaso de ignominia se había convertido en vaso de elección", el perseguidor en apóstol, el Apóstol por antonomasia.

Desde ahora "el camino de Damasco, la caída del caballo", quedarán como símbolo de toda conversión. Quizá nunca un suceso humano tuvo resultados tan fulgurantes. Quedaba el hombre con sus arrebatos, impetuoso y rápido, pero sus ideales estaban en el polo opuesto al de antes de su conversión. San Pablo será ahora como un fariseo al revés. Antes, sólo la Ley. En adelante únicamente Cristo será el centro de su vida. La caída del caballo representa para Pablo un auténtico punto sin retorno.

La vocación de Pablo es un caso singular. Es un llamamiento personal de Cristo. Pero no quita valor al seguimiento de Pablo. "Dios es un gran cazador y quiere tener por presa a los más fuertes", dice un autor. Pablo se rindió: "-ha sido cazado por Cristo Jesús". Pero pudo haberse rebelado.

Normalmente los llamamientos del Señor son mucho más sencillos, menos espectaculares. No suelen llegar en medio del huracán y la tormenta, sino sostenidos por la suave brisa, por el aura tenue de los acontecimientos ordinarios de la vida. Todos tenemos nuestro camino de Damasco. A cada uno nos acecha el Señor en el recodo más inesperado del camino.


Evangelio del día: Marcos 3, 22-30
22 Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios». 23 Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? 24 Un reino dividido internamente no puede subsistir; 25 una familia dividida no puede subsistir. 26 Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. 27 Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. 28 En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; 29 pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre». 30 Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Los fariseos, al no tener más argumentos, y todo va cayendo por su propio peso, no les queda más que tratar de desvirtuar las acciones mismas. Al no poder negar los milagros y acciones de Jesús, entonces dicen que son ciertas, pero que son obra de Belzebú, se las asignan al enemigo, por tanto entonces, Jesús no es divino, es diabólico.

Esto sigue sucediendo hoy en día, quizá no de manera tan dramática de acusar a Jesús de diabólico, porque incluso el concepto de lo diabólico también se niega. Pero se le sigue negando a Cristo su divinidad. Y al no poder negar algunos hechos se le otorga cualquier otra clasificación antes que aceptar que viene de Dios. Se trata de rebajar a Jesús a meramente humano y se le compara con Buda, con Gandhi, con Mahoma. Son puestos como iguales, hombres bueno que han tratado de cambiar al mundo. Sigue siendo la misma blasfemia de los fariseos, matizada diferente.

La sentencia final es abrumadora: "En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre".

Negar la divinidad de Cristo y por tanto su particularidad versus cualquier otro es una blasfemia, y no puede ser perdonada por una lógica implacable. Si Jesús es como cualquier otro, si Jesús es diabólico, es decir, si Jesús no es quien decide ser, Dios mismo. Entonces mi acercamiento a Él no puede ser el adecuado, no puedo acercarme a Él y verlo como Dios (requisito fundamental para recibir el perdón) por tanto no puede perdonar mis pecados, por lo tanto cargo con mis pecados.

Jesús, al dia de hoy, sigue haciendo su parte, somos nosotros quienes seguimos reduciendo lo evidente y el precio a pagar es un precio demasiado alto.

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