III domingo del tiempo ordinario
Evangelio del día: Lucas 1, 1-4; 4, 14-21
Lucas inicia su narración dedicándosela a Teófilo y detalla que como otros, ha decidido poner por escrito la tradición oral de la iglesia. Tradición iniciada por quienes fueron testigos oculares. Ha investigado diligentemente y ha puesto todo en orden. El resultado es que se conozca la solidez de las enseñanzas de Jesús.
Mucho podemos aprender de Lucas. Diligencia, profundidad, compromiso e interés para conocer mejor las enseñanzas de Jesús. La labor intelectual probablemente se la dediquemos a otros temas que nos parecen de mayor relevancia, olvidamos que las enseñanzas de Jesús deberían ser el centro de nuestra existencia, por lo tanto profundizar en las mismas es de vital importancia. Buscar la formación en temas espirituales y teológicos debería ser un compromiso de todos los que nos llamamos Cristianos. Como Lucas debemos profundizar para conocer la solidez de las enseñanzas de Cristo. Esa solidez debe ser la base sobre la cual descansa la coherencia de vida, de lo contrario corremos el riesgo de caer en la superficialidad.
1 Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, 2 como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, 3 también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En el tiempo ordinario, la liturgia nos lleva por la vida de Jesús leyendo dos evangelios; uno para el día domingo y el evangelio del día de semana. El ciclo C que es el que corresponde a este año 2016, nos lleva cada día por el evangelio de marcos y el domingo por la narración de Lucas.14 Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.15 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 16 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia del Señor». 20 Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. 21 Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Lucas inicia su narración dedicándosela a Teófilo y detalla que como otros, ha decidido poner por escrito la tradición oral de la iglesia. Tradición iniciada por quienes fueron testigos oculares. Ha investigado diligentemente y ha puesto todo en orden. El resultado es que se conozca la solidez de las enseñanzas de Jesús.
Mucho podemos aprender de Lucas. Diligencia, profundidad, compromiso e interés para conocer mejor las enseñanzas de Jesús. La labor intelectual probablemente se la dediquemos a otros temas que nos parecen de mayor relevancia, olvidamos que las enseñanzas de Jesús deberían ser el centro de nuestra existencia, por lo tanto profundizar en las mismas es de vital importancia. Buscar la formación en temas espirituales y teológicos debería ser un compromiso de todos los que nos llamamos Cristianos. Como Lucas debemos profundizar para conocer la solidez de las enseñanzas de Cristo. Esa solidez debe ser la base sobre la cual descansa la coherencia de vida, de lo contrario corremos el riesgo de caer en la superficialidad.

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