II miércoles del tiempo ordinario. San Sebastián y San Fabián
Sebastián, hijo de familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.
Jesús, sabiendo que los fariseos lo observaban para saber si violaba el precepto del sábado, aprovecha para tratar de llegar a los corazones de estos, los pone ante la realidad del que sufre, y cuestiona. Sin embargo ellos ante la ausencia de argumentos, sabiendo quizá que Él tiene razón, prefieren callar. Al darse cuenta, decide sanar al hombre de la mano paralizada. Es más importante la vida, la felicidad y la realización del hombre, que el cumplimiento de un precepto ideado por ellos mismos.
Nuestra religiosidad, puede llegar a ser muy estricta y Jesús nunca condena eso, pero si condena la actitud del fariseo de anteponer su estricta religiosidad al sufrimiento del prójimo. Como bien lo señala San Pablo: "Si no tengo caridad, de nada me sirve". De nada sirve la estricta observancia si no puede flexibilizarse por el bienestar de otro.
Este pasaje tampoco puede ser usado para desvirtuar la observancia de normas religiosas, sino más bien para poner en su correcto orden las prioridades. Siempre debe anteponerse el amor al prójimo, pero no es valida tampoco la falsa dicotomía de que al ser caritativo debe ser una persona que no observa estrictamente su religiosidad. Tal y como Jesús le reclamó a los fariseos en otra ocasión, en la que les señala que diezman la menta y el comino, pero que no honraban a sus padres. Era necesario que hicieran lo uno, sin dejar de hacer lo otro.
El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.
Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor. Se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.
El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión, y además es llamado además el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general. Y en lo personal tiene un significado especial pues será el Santo Patrono de mi futuro hijo. A San Sebastián lo encomiendo para que se convierta en un defensor de los enemigos de la fe. El nombre "Sebastián" significa: "Digno de respeto. Venerable".
Fue Sumo Pontífice del año 236 al 250, por 14 años. El historiador Eusebio cuenta que al morir el Papa San Antero, el clero de Roma se reunió junto con los fieles creyentes, para elegir al nuevo Papa, y que estando allí reunidos, vieron descender una paloma sobre la cabeza de Fabián. No habían pensado elegirlo a él porque todavía no era sacerdote. Pero ante esta señal, lo eligieron, y fue ordenado sacerdote y consagrado obispo. San Cipriano dijo de él: "Fue un hombre muy santo, y la gloria de su martirio correspondió a la gran pureza de su vida". El emperador Decio ordenó en el 250 una terrible persecución contra los cristianos y al primero que mandó matar fue al Papa San Fabián.
Evangelio del día: Marcos 3, 1-6
Este evangelio es una confirmación de lo de ayer, ha querido San Marcos dejar muy en claro la visión de Cristo. El sábado para el precepto Judío era un día de descanso y entre otros agregados, los fariseos no permitían que se hicieran curaciones, pues dicho esfuerzo era considerado trabajo. Jesús nuevamente contrapone la salud y la felicidad de un hombre que tenia una mano paralizada. Esto significaba para este ser humano, primero una vida de mendigo, pues al imposibilitarse el trabajo físico, el único remunerado de la época, le tocaba vivir de la caridad de familia, amigos o desconocidos; sumado a la tristeza y frustración que cualquiera vive ante una deficiencia física, versus la observancia estricta del descanso. ,1 Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. 2 Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. 3 Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». 4 Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. 5 Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. 6 En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Jesús, sabiendo que los fariseos lo observaban para saber si violaba el precepto del sábado, aprovecha para tratar de llegar a los corazones de estos, los pone ante la realidad del que sufre, y cuestiona. Sin embargo ellos ante la ausencia de argumentos, sabiendo quizá que Él tiene razón, prefieren callar. Al darse cuenta, decide sanar al hombre de la mano paralizada. Es más importante la vida, la felicidad y la realización del hombre, que el cumplimiento de un precepto ideado por ellos mismos.
Nuestra religiosidad, puede llegar a ser muy estricta y Jesús nunca condena eso, pero si condena la actitud del fariseo de anteponer su estricta religiosidad al sufrimiento del prójimo. Como bien lo señala San Pablo: "Si no tengo caridad, de nada me sirve". De nada sirve la estricta observancia si no puede flexibilizarse por el bienestar de otro.
Este pasaje tampoco puede ser usado para desvirtuar la observancia de normas religiosas, sino más bien para poner en su correcto orden las prioridades. Siempre debe anteponerse el amor al prójimo, pero no es valida tampoco la falsa dicotomía de que al ser caritativo debe ser una persona que no observa estrictamente su religiosidad. Tal y como Jesús le reclamó a los fariseos en otra ocasión, en la que les señala que diezman la menta y el comino, pero que no honraban a sus padres. Era necesario que hicieran lo uno, sin dejar de hacer lo otro.


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