Santos inocentes

Octava de Navidad. Día 4

Los Santos Inocentes: De acuerdo a un relato del Evangelio de san Mateo (2, 13-18), el Rey Herodes mandó matar a los niños de Belén menores de dos años al verse burlado por los magos de Oriente que habían venido para saludar a un recién nacido de estirpe real. 

A partir del siglo IV, se estableció una fiesta para venerar a estos niños, muertos como "mártires" en sustitución de Jesús. La devoción hizo el resto. En la iconografía se les presenta como niños pequeños y de pecho, con coronas y palmas (alusión a su martirio). La tradición oriental los recuerda el 29 de diciembre; la latina, el 28 de diciembre. La tradición concibe su muerte como "bautismo de sangre" (Rm 6, 3) y preámbulo al "éxodo cristiano", semejante a la masacre de otros niños hebreos que hubo en Egipto antes de su salida de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios (Ex 3,10; Mt 2,13-14). 

Evangelio del día: Mateo 2, 13-18
V.16 Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó a matar a todos los niños de dos años para abajo...
No se puede encontrar una explicación para el dolor, y peor aun cuando son niños inocentes. El martirio de estos niños parece inútil e injusto. El sufrimiento no nos gusta y el argumento del dolor en el mundo es uno de los principales argumentos por los que muchos no quieren tratar con Dios. "Si Dios existe, ¿porqué permite tanto dolor?.

No podemos explicar el dolor, pero la fe nos enseña a verlo en perspectiva eterna, descubrimos propósitos que van más lejos que esta vida y sabemos que mucho del dolor aquí en la tierra tendrá una explicación en la vida futura.

Se podrán burlar de nuestra forma de ver el sufrimiento y el dolor, pero esa esperanza nos permite darle un sentido positivo a todo lo vivido en esta vida. Así nos enseño el maestro y si decimos seguirle esta debe ser una visión de vida que no debemos perder. Nadie quiere experimentar el dolor y el sufrimiento, pero cundo llega y nada puedo hacer para evitarlo, es mejor recordar las palabras de Jesús. "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados". La fe puede cambiar la perspectiva del dolor, junto a Jesús, el sufrimiento toma un nuevo significado y otro valor.

El dolor y el sufrimiento ya no son motivos de frustración e inoperancia, ahora pueden convertirse en esperanza y un motor que nos lleve a buscar las consecuencias eternas.

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