Octava de Navidad, día 5. Santo Tomás Becket
Nació en Londres el año 1118; fue clérigo de Cantobery y canciller del reino, y fue elegido obispo el año 1162. Defendió valientemente los derechos de la iglesia contra el rey Enrique II, lo cual le valió el destino a Francia durante 6 años. Vuelto a la patria, hubo de sufrir numerosas dificultades, hasta que los esbirros del rey lo asesinaron el año 1170.
Evangelio del día: Lucas 2, 22-35
Lucas dejó registrado el Nunc dimitís es el último en la secuencia historia de los tres grandes cánticos del Nuevo Testamento, siendo los otros dos El Magnificat y el Benedictus. Los tres son llamados, a modo de distinción, los cánticos evangélicos, se reza en las completas de la liturgia de las horas.
En el contexto Simeón hace este cántico porque se le habia prometido que no moriría sin ver al Salvador. Una promesa que lo mantuvo expectante y que nunca dudo que se cumpliría, sabía que al nacer el mesías, el lugar más indicado para encontrarlo era el templo pues todo niño Judío tenia que ser llevado allí después de los días de purificación de su madre. Por tanto Simeón creyó la promesa que se le hizo pero no se mantuvo pasivo ante ello, buscó estar en el lugar indicado, hizo su parte para recibir la promesa.
De Simeón podemos aprender a esperar la sopesas de Dios, a confiar en su realización pero no quedarnos quietos, pasivos, sino buscando, expectantes haciendo nuestra parte para que el Señor haga la suya. Es un buen propósito para este nuevo año.
Evangelio del día: Lucas 2, 22-35
V.29-32 Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Lucas dejó registrado el Nunc dimitís es el último en la secuencia historia de los tres grandes cánticos del Nuevo Testamento, siendo los otros dos El Magnificat y el Benedictus. Los tres son llamados, a modo de distinción, los cánticos evangélicos, se reza en las completas de la liturgia de las horas.
En el contexto Simeón hace este cántico porque se le habia prometido que no moriría sin ver al Salvador. Una promesa que lo mantuvo expectante y que nunca dudo que se cumpliría, sabía que al nacer el mesías, el lugar más indicado para encontrarlo era el templo pues todo niño Judío tenia que ser llevado allí después de los días de purificación de su madre. Por tanto Simeón creyó la promesa que se le hizo pero no se mantuvo pasivo ante ello, buscó estar en el lugar indicado, hizo su parte para recibir la promesa.
De Simeón podemos aprender a esperar la sopesas de Dios, a confiar en su realización pero no quedarnos quietos, pasivos, sino buscando, expectantes haciendo nuestra parte para que el Señor haga la suya. Es un buen propósito para este nuevo año.

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