IV miércoles de adviento. Feria de adviento día 7
Evangelio del día: Lucas 1, 57-66
Hace unos días leímos como el ángel se le apareció a Zacarías y le dejó mudo hasta el nacimiento de su hijo por haber dudado, ahora, vemos a un Zacarías que aprendió la lección, no duda en llamar a su hijo con el mismo nombre que el ángel le había señalado, Juan.
En la costumbre de la época, llamar a un hijo con un nombre que no pertenecía a nadie de su ascendencia familiar era inaudito, de ahí la extrañeza del pueblo cuando ambos, Isabel y Zacarías deciden llamar a su hijo con ese nombre.
Zacarías es un personaje esperanzador, dudó, sufrió las consecuencias de la duda, pero aprendió. Muchas veces somos bastante parecidos a él. Dudamos y pagamos el precio de la duda, de Zacarías aprendemos que nunca es tarde para enmendar, que siempre Dios abre una oportunidad para demostrarle que aprendimos y que le creemos.
Esta Navidad bien puede ser la oportunidad de decirle a Jesús, te creo, perdona las dudas, mis inconsistencias, mi falta de fe, pero ahí junto a María y a Jose, en el pesebre de Belén podemos renovar nuestra fe y prometerle no dudar, enmendar nuestras faltas de fe y caminar por esta vida creyéndole. Ese quizá sea el mejor propósito de año nuevo.
V 63. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre".
Hace unos días leímos como el ángel se le apareció a Zacarías y le dejó mudo hasta el nacimiento de su hijo por haber dudado, ahora, vemos a un Zacarías que aprendió la lección, no duda en llamar a su hijo con el mismo nombre que el ángel le había señalado, Juan.
En la costumbre de la época, llamar a un hijo con un nombre que no pertenecía a nadie de su ascendencia familiar era inaudito, de ahí la extrañeza del pueblo cuando ambos, Isabel y Zacarías deciden llamar a su hijo con ese nombre.
Zacarías es un personaje esperanzador, dudó, sufrió las consecuencias de la duda, pero aprendió. Muchas veces somos bastante parecidos a él. Dudamos y pagamos el precio de la duda, de Zacarías aprendemos que nunca es tarde para enmendar, que siempre Dios abre una oportunidad para demostrarle que aprendimos y que le creemos.
Esta Navidad bien puede ser la oportunidad de decirle a Jesús, te creo, perdona las dudas, mis inconsistencias, mi falta de fe, pero ahí junto a María y a Jose, en el pesebre de Belén podemos renovar nuestra fe y prometerle no dudar, enmendar nuestras faltas de fe y caminar por esta vida creyéndole. Ese quizá sea el mejor propósito de año nuevo.

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