I miércoles de aviento


Tercer día de la novena de la inmaculada.

Evangelio del día: San Mateo 15,29-37.

V.30 Acudió a él mucha gente que traía consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies, y él los curó...
Jesús sigue curando enfermos, en el transcurso de estos más de dos mil años ha curado a millones; cojos, ciegos, mudos, siguen llegando a sus pies y los sigue curando, quizá lo pasamos desapercibido pero él sigue haciéndolo. Y además de las afecciones físicas cura también las enfermedades más difíciles, las del alma.

Siempre y cuando nos pongamos a sus pies, con la suficiente fe, el seguramente aliviará las almas cansadas de tropezar por la vida, gastadas de tanto golpe, y ahora son almas cojas.

Almas ciegas que han tropezado tanto y han caído en agujeros enormes o que han entrado en calles que no tienen salida, él sigue devolviendo la vista.

Almas lisiadas por golpes tan profundos que han sido aniquiladas, Jesús sigue dando vida.

Almas mudas encerradas en sí mismas, llenas de temor, también pueden recibir la curación del carpintero de Belén, pero es necesario ponerse a sus pies, en actitud de obediencia y de entera sumisión, así como se obedece al médico que receta la medicina adecuada, así se debe obedecer al único medico de las almas.

Entonces vendrá la curación y cuando el alma comienza  a mostrar la mejoría por la mano milagrosa de Jesús, al igual que hace dos mil años, la gente glorificará a Dios.

Propósito: Obediencia, mi alma necesita ser curada de muchas dolencias, más obediencia, permanecer a sus pies.

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